Algo que nos caracteriza a los cristianos es que cantamos mucho, nos gusta cantar. Hay en torno a nuestra fe una vasta obra musical escrita a lo largo de los siglos. Hoy más que nunca la música ocupa un lugar muy importante en el culto, así como en el día a día de las personas. Pero algo que a veces no consideramos es si entendemos lo que cantamos y/o escuchamos. Felipe le preguntó al etíope: ¿entiendes lo que lees? (Hech 8:30) Por lo que nosotros también debemos preguntarnos: ¿entendemos lo que cantamos?
Como pastor cuido que los cánticos que entonamos no contradigan la enseñanza de las Escrituras, porque es muy común escuchar canciones “cristianas” que contienen enseñanzas erróneas y antibíblicas. Ya en alguna ocasión dejamos de cantar alguna por la misma razón.
En la historia tenemos muchos ejemplos de cómo la música se usó para adoctrinar a la gente siendo esto incluso un tema de conversación vigente hoy día en las redes sociales.
En el siglo IV, el presbítero Arrio compuso una obra literaria y teológica titulada «Talia» (El Banquete). Esta obra estaba escrita en verso y diseñada específicamente para ser cantada, combinando ritmos y métricas pegadizas similares a la música popular y de taberna de la época. Arrio utilizó estos cantos con un propósito sumamente estratégico: Evangelización popular: Al tener melodías sencillas y fáciles de memorizar, sus enseñanzas teológicas —las cuales negaban la divinidad absoluta de Jesucristo al considerarlo una criatura creada por Dios Padre— se popularizaron rápidamente entre las clases trabajadoras, marineros y comerciantes. La música permitió que su herejía se transmitiera oralmente de forma masiva, mucho antes de que las masas pudieran leer los tratados teológicos complejos. Para contrarrestar esta estrategia, la Iglesia Católica Ortodoxa comenzó a componer y promover sus propios himnos y cánticos ortodoxos para educar al pueblo en la fe correcta de la Trinidad.
El profeta Isaías al pueblo de Dios:
“Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido.
Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.” Isa 12:4-6.
Aquí mismo el profeta describe el poder para dar a conocer mediante el canto el nombre de Dios, la grandeza de sus obras con un alcance a toda la tierra.
En la congregación cantamos cánticos de alabanza a Dios, cantos que exalten su nombre, sus obras, su grandeza, pero hay otro tipo de cantos que podemos cantar como los testimoniales, me recuerda el de UNA LLAGA PODRIDA. No es un canto para entonar congregacionalmente, pero es testimonial. Ahora mismo hay algunos muy populares que entonan algunos en sus congregaciones pero que nosotros no lo hacemos porque no representa el trato de Dios para todos y preferimos aquellos que lo alaben a él. Sin embargo, en los mismos Salmos (que significa himnos) vemos algunos que relatan hechos históricos, otros profetizan sobre el Mesías o el Pueblo de Dios. Algunos son penitenciales en los que el salmista confiesa su pecado en una actitud de profundo arrepentimiento. Otros salmos presentan delante de Dios las acciones de sus enemigos clamando justicia y venganza divina. Al principio de algunos salmos podemos encontrar indicaciones para cantarlos.
En el Salmo 56 que algunas biblias titulan “Oración de Confianza” encontramos la siguiente indicación: “Para el director del coro: salmo de David, de cuando los filisteos lo capturaron en Gat. Cántese con la melodía de «La paloma en los robles distantes» “(NTV). Al leer Podemos entender que usaban alguna melodía conocida y cantaban la oración con ella. Creo que es algo muy poderoso. Cantar nuestra oración con alguna melodía ya conocida. Eso es lo que dice: Canta esta oración con la melodía de esta otra canción. Esas oraciones que hacemos en nuestro aposento, en la intimidad, donde nadie nos ve, personalmente creo son las más especiales. No lo hacemos para ser vistos, y lo que hablemos y hagamos es totalmente para Dios. Ponle música a tu oración, sí, alguna melodía conocida puede ser, Cántale al Señor. También nosotros podemos expresar con nuestras palabras a través de la música y qué mejor que esas palabras sean de la misma Palabra de Dios para que nuestra mente y corazón tengan fruto.
“¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” 1 Cor 14:15
“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales”. (3:16).
“Canta, oh hija de Sion; da voces de júbilo, oh Israel; gózate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén…Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos”. Sof 3:14,17
Cantemos La Palabra de Dios y ella se quedará en nuestra mente. Cantemos Alabanzas a nuestro Dios, Cantemos nuestra oración, Cantemos lo que Dios hizo en nosotros, Cántico nuevo cantemos a nuestro Dios.
Dios te bendiga
Enrique Moore

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