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La creación del hombre

Serie «La creación del hombre» · Parte 1 de 5. La serie completa estará enlazada al final de este artículo.

Hace años empecé a darle forma a un argumento al que, de manera intencional, le puse un título con doble sentido: La creación del hombre. Puede leerse como «el hombre que Dios creó» o como «lo que el hombre crea». Las dos lecturas son correctas, y la segunda solo se explica por la primera.

Mi oficio ha estado siempre entre micrófonos, consolas, cintas y computadoras. He visto pasar los casetes, los discos, los chips y ahora la inteligencia artificial. Y mientras más veo lo que el hombre es capaz de hacer, más me asombra Aquel que lo hizo capaz. De eso trata esta serie.

A su imagen

«Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza… Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.»

Génesis 1:26-27
Busto clásico de barro visto de perfil; desde la nuca el barro se abre y deja ver un circuito impreso verde con pistas doradas, mientras el rostro sereno permanece de barro. Luz cálida de una ventana sobre un fondo oscuro.
«Y creó Dios al hombre a su imagen» (Génesis 1:27). Imagen generada con inteligencia artificial.

De todo lo creado, el hombre es el único que habla, escribe, inventa códigos, diseña y construye a partir de una idea. Las abejas hacen panales perfectos, pero hoy los hacen igual que hace miles de años. El hombre, en cambio, imagina algo que no existe y lo trae a la existencia.

No es casualidad. Es la imagen del Creador en nosotros. Dios creó todo con el poder de su palabra: «Y dijo Dios: Sea… y fue». Cuando un programador escribe instrucciones y en la pantalla aparece un mundo virtual, está haciendo en pequeño lo que Dios hizo en grande. Infinitamente inferior, sí, pero con el mismo principio: dar forma a algo por medio de la palabra.

El hombre de hoy se maravilla de lo que ha logrado, y muchas veces no se da cuenta de que lo ha logrado precisamente por la imagen del Creador en él.

Sojuzgadla

Después de crearlo, Dios le dio al hombre una tarea:

«Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.»

Génesis 1:28

La palabra «sojuzgadla» (kabash, Diccionario Strong H3533) significa someter, sujetar; y «señoread» (radah, H7287) significa dominar, estar a cargo. Dios puso al hombre sobre su creación para administrarla. Desde el principio, entonces, el hombre fue equipado para entender el mundo, ordenarlo y transformarlo.

Eso es, en el fondo, la tecnología. La palabra viene del griego techne (arte, oficio, destreza) y logos (conocimiento). Es el conocimiento aplicado a hacer cosas. No nació en un laboratorio moderno: nació en el Edén, con el mandato de Dios.

Dios da la habilidad

La Biblia no ve con recelo el ingenio humano. Al contrario, lo atribuye a Dios. Cuando mandó construir el tabernáculo, no llamó solo a un sacerdote. Llamó también a un artesano:

«Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce.»

Éxodo 31:2-4

Es la primera vez que la Escritura dice que alguien fue lleno del Espíritu de Dios, ¡y fue para diseñar y fabricar! Lo mismo se dice de Hiram, el artífice que trabajó el bronce del templo de Salomón: era «lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia en toda obra de bronce» (1 Reyes 7:14).

Isaías lo lleva aún más lejos. Habla del agricultor que sabe cuándo arar, cuándo sembrar y cómo trillar cada grano sin dañarlo, y concluye: «También esto salió de Jehová de los ejércitos, para hacer maravilloso el consejo y engrandecer la sabiduría» (Isaías 28:29). La técnica del campesino también viene de Dios.

Entonces hago la pregunta que me hago cada vez que veo un nuevo avance: todo lo que sale del ingenio humano, ¿quién se lo dio? Científicos, inventores y visionarios han transformado sociedades enteras con sus aportaciones. Pero la capacidad no se la dieron ellos mismos. Es parte del equipamiento que Dios le dio al hombre.

Dos líneas desde el principio

Hay un detalle en Génesis 4 que no podemos pasar por alto. Los primeros inventores que menciona la Biblia son descendientes de Caín: Jabal, padre de los ganaderos; Jubal, padre de los músicos; y Tubal-caín, «artífice de toda obra de bronce y de hierro» (Génesis 4:20-22).

El ingenio estaba ahí, en una línea que se había alejado de Dios. Y ese mismo capítulo termina diciendo que en la línea de Set «comenzaron a invocar el nombre de Jehová» (Génesis 4:26). Desde el principio hubo dos maneras de usar los dones: para la gloria propia o para la gloria de Dios.

¿Es mala la tecnología?

En sí, no. Ni crearla ni usarla. Pablo dice: «Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo» (Romanos 14:14). Es más bien el uso lo que determina si hace bien o mal. Yo mismo uso la tecnología todos los días, en mi trabajo y en el ministerio, y doy gracias a Dios por ella.

El problema nunca ha sido la herramienta, sino el corazón del hombre: sus intenciones y sus motivaciones. Y eso es lo que veremos en las siguientes entregas.

Para cerrar

Cada vez que te sorprenda un invento, recuerda la doble lectura de La creación del hombre. Lo que el hombre crea apunta al Dios que creó al hombre. Nuestra capacidad de diseñar, construir y transformar no es una prueba de que no necesitamos a Dios; es una huella de que Él nos hizo.

Por eso, el lugar correcto para el ingenio humano es el que tuvo Bezaleel: lleno del Espíritu de Dios, trabajando en lo que Dios mandó y para la gloria de Dios.

En la siguiente entrega veremos qué pasa cuando el hombre usa esa misma capacidad para hacerse un nombre. Iremos a la llanura de Sinar: Hagamos ladrillo.

Para reflexionar:

  1. ¿Reconozco mis capacidades como un don de Dios, o las veo como mérito propio?
  2. ¿Qué habilidades me ha dado Dios que podría poner al servicio de su obra, como Bezaleel?
  3. Cuando uso la tecnología, ¿la uso para edificar o solo para entretenerme?

Enrique Moore


Serie «La creación del hombre»: 1. La creación del hombre · 2. Hagamos ladrillo · 3. Cuando ya era fuerte · 4. Una imagen que habla · 5. De Babel a Pentecostés.

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