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La curva del conocimiento

Gráfica del conocimiento humano de 1500 a hoy: la línea azul se mantiene casi plana durante cuatro siglos y sube casi en vertical desde 1950, con hitos como la Reforma, Newton, el transistor, la Web y la IA

«Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.» Daniel 12:4 (RV1960)

Hace algunos años encontré en un supermercado un libro que relata los descubrimientos científicos de los últimos 500 años, desde el siglo XVI, en orden cronológico. Como lectura de cultura general es muy bueno. Pero a quien estudia la Palabra de Dios le dice algo más: la historia de la ciencia también enseña.

Pablo escribió a los corintios que la historia de Israel quedó registrada «como ejemplo» para nosotros (1 Co 10:6, 11). El registro bíblico llega hasta Hechos y las cartas, pero la historia siguió. Si la leemos con ojos bíblicos, entendemos mejor cómo Dios obra a través de las edades, y entendemos el tiempo que estamos viviendo.

La curva del conocimiento

Dos gráficas del conocimiento humano de 1500 a hoy. Arriba, en escala lineal, la línea es plana por cuatro siglos y sube en vertical desde 1950. Abajo, en escala logarítmica, la línea sube siempre y cada vez más rápido, con hitos de la Reforma a la IA

Arriba está la curva como la percibimos: durante casi cuatro siglos la línea apenas se despega del suelo, y desde mediados del siglo XX sube casi en vertical. Lo que antes tomaba siglos ahora ocurre en pocos años. Abajo está la misma curva en escala logarítmica, donde cada línea horizontal vale diez veces más que la anterior. Ahí se ve que el conocimiento nunca dejó de crecer: solo se fue acelerando, etapa tras etapa.

Mil años de poder concentrado

Antes de esa curva hubo más de un milenio en que una sola autoridad, en un solo lugar, decidía sobre religión, política y ciencia en la cristiandad occidental. Esos mil años quedan como testimonio: el hombre alcanzó la cúspide del poder y el resultado no fue bueno.

Por eso no comulgo con la teología del dominio, la idea de que la Iglesia debe conquistar el gobierno y las instituciones de la sociedad para transformar el mundo. La historia ya respondió: el hombre tuvo todo el poder y dominó todos los aspectos de la sociedad. El poder no cambia la naturaleza humana. Pablo lo dice: los mandamientos y doctrinas de hombres «no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne» (Col 2:20-23). Este mundo necesita una intervención divina.

¿Fue la Reforma el detonante?

Uno podría pensar que la Reforma de 1517 liberó las mentes y desató el conocimiento. En parte sí: devolvió las Escrituras al pueblo y a su propio idioma. Pero somos tendenciosos y nos vamos a los extremos. La imprenta (hacia 1450) la precedió, y Copérnico publicó en 1543. Fue un conjunto de factores, y en todos ellos Dios estaba obrando.

Lo mismo pasa con las ideas que hoy embisten a la sociedad. Las asociamos con el nombre de alguien de hace 200 años, pero sus raíces son mucho más antiguas. Para ese análisis recomiendo Historia del pensamiento cristiano de Justo L. González.

Lo que Dios anticipó

Daniel recibió esta palabra hacia el año 536 a.C. En ese momento el conocimiento humano avanzaba tan despacio que una gráfica de aquel tiempo sería una línea plana. Seguiría así más de dos mil años. Sin embargo, Dios le dijo que el libro quedaría sellado «hasta el tiempo del fin», y que entonces «la ciencia se aumentará».

Algunos comentaristas entienden ese aumento como el entendimiento de la misma profecía: muchos recorren el libro sellado buscando comprenderlo. Las dos lecturas apuntan al mismo momento. Lo que estuvo cerrado se abre cuando se acerca el fin.

Creo que en la ciencia el hombre andaba en una búsqueda, y en el tiempo que Dios determinó descubrió el velo a un científico y le mostró lo que hasta entonces era desconocido. «Gloria de Dios es encubrir un asunto; pero honra del rey es escudriñarlo» (Pr 25:2). A partir de ahí, el conocimiento se fue acumulando de manera exponencial.

No todo lo que crece es verdad. Pablo advierte contra «la falsamente llamada ciencia» (1 Ti 6:20). El aumento del conocimiento es una señal, no es salvación.

Una señal para nuestro tiempo

Jesús nos enseñó a leer las señales: «De la higuera aprended la parábola: cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca» (Mt 24:32). Nada de lo que ha sucedido en la historia es fortuito. Todo obedece a un programa, y si lo entendemos así vemos la mano de Dios en cada época.

Si no somos la última generación, estamos muy cerca de la culminación del plan de Dios para la humanidad. Por eso te animo a leer y a conocer la historia. Pero sobre todo a escudriñar la Palabra, porque hay cosas de la Escritura que, si no inquirimos, no vamos a recibir en revelación.

Que esa sea nuestra actitud delante del Señor: en el altar, en la comunión con Dios y en el estudio de su Palabra. Él te dará entendimiento de lo que estás viviendo.

¡Dios bendiga tu vida!

Enrique Moore


Sobre la gráfica: no existe una medida única de «todo el conocimiento humano», así que la curva es ilustrativa. Desde 1650 sigue las tasas de crecimiento de la producción científica medidas por Bornmann y Mutz: menos de 1 % anual hasta mediados del siglo XVIII, de 2 a 3 % hasta el periodo entre guerras y de 8 a 9 % desde entonces. Entre 1500 y 1650 la tasa es una estimación. Las fechas de los hitos son aproximadas.

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