Curva azul que representa la Verdad, con puntos negros de la Escritura unidos por una línea naranja de nuestra comprensión

La Verdad y la interpolación

«La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia.» Salmo 119:160 (RV1960)

Toda mi vida he trabajado con información electrónica: audio y video, primero grabados en cinta magnética y discos ópticos, y después en formato digital. Por eso, cuando leo este versículo, no puedo evitar leerlo también con los ojos de un técnico. Y lo que veo me parece de una dimensión tremenda.

La suma

La palabra que la Reina-Valera traduce como «suma» es la hebrea rosh. Significa «cabeza» o «principio», pero también «la cuenta total», como en un censo (Éx 30:12; Núm 1:2). Por eso algunas versiones dicen «la suma» y otras «verdadera desde el principio». Las dos lecturas apuntan a lo mismo: la Verdad está en el conjunto completo, de principio a fin.

Si lo escribiéramos en notación matemática, quedaría así:

∑ Palabra de Dios = Verdad

Un versículo aislado no es la Verdad completa. Es un punto. La Verdad es la figura que forman todos los puntos juntos.

Curva azul que representa la Verdad, con puntos negros de la Escritura unidos por una línea naranja de nuestra comprensión

Unir los puntos

¿Recuerda aquellos dibujos de la infancia? Una hoja con puntos numerados que, al unirlos con el lápiz, formaban un animalito o un objeto. Eso, en términos técnicos, se llama interpolar: reconstruir la información que falta a partir de algunos puntos conocidos.

Así funciona casi toda la tecnología que usamos. Un CD de audio mide la señal 44,100 veces por segundo, y con esas muestras se reconstruye el sonido completo. El sensor de una cámara mide un solo color en cada punto, y los otros dos se calculan a partir de los vecinos. Lo sorprendente es esto: para reconstruir cada punto intermedio, la matemática no usa solo las dos muestras más cercanas, sino la suma de todas.

Así es con la Palabra. Dios nos dejó en la Escritura los puntos fijos. Nuestro conocimiento se forma uniendo esos puntos, y cada pasaje se entiende a la luz de todos los demás.

Muestras de una señal con la aportación de cada una en gris; su suma forma la curva azul completa

Nadie tiene la figura completa

Pablo lo dijo claramente: «en parte conocemos, y en parte profetizamos» (1 Co 13:9). Nadie en este mundo tiene la imagen completa. Pero esto no significa que la Verdad sea relativa.

Imagínese encerrado en un cuarto con una pared larga, llena de pequeños orificios. Por cada orificio se ve una parte del exterior. Si solo mira por uno, tendrá una sola perspectiva. Si recorre la pared y mira por muchos, cada vista complementará a las demás. Todos los orificios miran el mismo exterior real. Cambia el ángulo; la realidad no cambia.

Por eso podemos decir dos cosas a la vez: conocemos la Verdad de verdad, pero la conocemos en parte. Y esa Verdad no es solo un conjunto de ideas, sino una Persona: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Jn 14:6).

El punto que no encaja

Los puntos que Dios nos dio tienen como referencia la Verdad, así que no son arbitrarios. Si alguien añade un punto por su cuenta, tarde o temprano choca con los demás. En el lenguaje digital a eso le llamamos un glitch.

Los sistemas de información detectan errores gracias a la redundancia: guardan más datos de los estrictamente necesarios, para poder comparar. Así funcionan los discos duros, la memoria de las computadoras y las comunicaciones. La Escritura también es redundante a propósito: «por boca de dos o de tres testigos» (Dt 19:15), cuatro Evangelios, pasajes paralelos. Y nos advierte: «No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso» (Pr 30:6).

Hay una condición: solo detecta el error quien conoce el código. Quien no conoce la Escritura no tiene con qué comparar.

Con pocos testigos la curva se dobla para aceptar un punto falso rojo; con muchos testigos el punto falso queda en evidencia

No más allá de lo escrito

En matemáticas, interpolar entre puntos conocidos es bastante seguro. Extrapolar, es decir, ir más allá del último punto conocido, es peligroso: el error crece sin control. Pablo nos dejó esa misma regla: «que no penséis más de lo que está escrito» (1 Co 4:6).

Dentro de la zona de lo escrito la línea sigue a la Verdad; más allá de lo escrito se dispara hacia arriba

Más resolución

Hoy, con un equipo modesto, grabo audio a 24 bits y 96 kHz, mucha más resolución que la del CD. Más resolución significa una reconstrucción más fiel. Algo parecido ocurre cuando leemos a otros hermanos que han estudiado con seriedad, «con el espíritu de Lucas», que investigó todo con diligencia (Lc 1:3). Cada autor ha visto por su propio orificio. Ninguno tiene toda la verdad, pero los buenos tienen puntos bien medidos.

Tres gráficas con 5, 9 y 17 puntos: con más puntos la reconstrucción naranja se acerca más a la curva azul de la Verdad

Con una advertencia: los autores no son la señal original. Son mediciones de otros observadores, cada una con su margen de error. Leer a muchos corrige los errores de cada uno. Pero hay errores que comparten todos los de una misma época o tradición, y esos solo se corrigen volviendo a la fuente: la Escritura.

Error aleatorio: el promedio de los autores coincide con la Verdad. Error sistemático: el promedio queda desplazado

Conclusión

Entre más alejados estemos de las Escrituras, más alejados de la Verdad. Entre más cerca estemos de la Palabra de Dios, viva y eficaz, más cerca de la Verdad. A ella llegaremos en plenitud, aunque no en esta vida: «ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara» (1 Co 13:12).

La lectura de toda la Escritura se acerca a la línea de la Verdad; leer solo pasajes favoritos se estanca más abajo

La suma de su Palabra es Verdad. No un versículo suelto: la suma.

¡Dios bendiga tu vida!

Enrique Moore

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