Serie «La creación del hombre» · Parte 3 de 5. La serie completa está enlazada al final de este artículo.
En 1948 se inventó el transistor, la pieza que sustituyó a las válvulas de vacío y abrió la era de la electrónica moderna. En 1958 se fabricó el primer chip, con apenas unos cuantos componentes. Hoy el chip de un teléfono celular lleva alrededor de 12 mil millones de transistores. El mundo alcanzó los 8 mil millones de habitantes en 2022: en un pedacito de silicio que cabe en la mano hay más transistores que personas en la tierra.
A ese crecimiento se le conoce como la ley de Moore (que, por cierto, es mi homónimo): la observación de que la cantidad de transistores en un chip se duplicaba aproximadamente cada dos años. He seguido ese desarrollo desde que tengo uso de razón, y todavía me asombra. Pero la historia que quiero contarte hoy es mucho más antigua.
Un rey que buscó a Dios
En la entrega anterior vimos la torre de Babel. Ahora vamos al reino de Judá, unos 750 años antes de Cristo. Uzías llegó al trono a los dieciséis años y reinó cincuenta y dos. Su nombre significa «Dios es fortaleza», y así comenzó:
«E hizo lo recto ante los ojos de Jehová… Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días que buscó a Jehová, él le prosperó.»
2 Crónicas 26:4-5
Y prosperó en todo. Edificó torres en Jerusalén y en el desierto, abrió muchas cisternas, amplió la agricultura en los montes y en los llanos, organizó un ejército y lo equipó con escudos, lanzas, yelmos y hondas. Y luego viene el detalle que me interesa:
«E hizo en Jerusalén máquinas inventadas por ingenieros, para que estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes piedras, y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso.»
2 Crónicas 26:15
Uzías fue un rey de vanguardia. Invirtió en ingeniería, en tecnología militar, en infraestructura hidráulica. Y el texto es claro: todo eso fue posible porque «fue ayudado maravillosamente». Dios lo prosperó, como prosperó a Bezaleel, de quien hablamos en la primera entrega.
El versículo 16
Pero la historia no termina ahí:
«Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso.»
2 Crónicas 26:16

«Cuando ya era fuerte.» Mientras necesitó a Dios, lo buscó. Cuando se sintió fuerte, creyó que podía entrar a donde Dios no lo había llamado. Ochenta sacerdotes lo confrontaron: «No te corresponde a ti, oh Uzías». Se llenó de ira, y en ese momento la lepra le brotó en la frente. Vivió aislado el resto de su vida, excluido de la casa de Jehová (2 Crónicas 26:17-21).
La misma prosperidad que Dios le dio se convirtió en la plataforma de su orgullo. Ese es el peligro del progreso: no la herramienta, sino lo que hace en el corazón de quien la tiene.
Tu sabiduría y tu misma ciencia
Lo que le pasó a un rey le puede pasar a una civilización entera. Isaías lo dijo de Babilonia:
«Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón: Yo, y nadie más.»
Isaías 47:10
«Yo, y nadie más.» Es la frase de Babel otra vez. Y es la actitud que veo en buena parte del mundo de hoy. Para mucha gente, los científicos y los grandes innovadores son los sacerdotes de una religión moderna, y cada declaración suya se recibe como un oráculo. El hombre de hoy espera de la ciencia todas las respuestas, y ve en cada avance un milagro que alimenta su esperanza.
Quiero ser claro: el problema no es la ciencia. La verdadera ciencia confirma la Escritura, y la Biblia misma distingue entre la ciencia verdadera y «la falsamente llamada ciencia» (1 Timoteo 6:20). El problema es el entendimiento entenebrecido del hombre que pretende negar a Dios ante la evidencia: «habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios… Profesando ser sabios, se hicieron necios» (Romanos 1:21-22).
Y hay una paradoja que no debemos pasar por alto. Jesús reprendió a los maestros religiosos de su tiempo: «¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis» (Lucas 11:52). Muchas veces fue una religiosidad cerrada la que alejó al hombre del conocimiento de Dios. La respuesta no es temerle al saber, sino volver a poner la llave en su lugar: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová» (Proverbios 9:10).
¿Hasta qué altura?
Ya hablamos en La curva del conocimiento de Daniel 12:4: «la ciencia se aumentará». Lo que antes tomaba siglos, hoy ocurre en pocos años. Y cada vez que aparece una noticia sobre computación cuántica o inteligencia artificial, me hago la misma pregunta que escribí en 2021: ¿hasta qué altura dejará Dios al hombre edificar la torre?
No lo sé. Lo que sé es que mientras Dios lo permita, el hombre lo alcanzará, porque «nada les hará desistir». Y sé también que toda torre tiene un versículo 16. La historia está llena de civilizaciones que dijeron «yo, y nadie más» y hoy son ruinas que visitan los turistas.
Para cerrar
El secreto de Uzías está en una frase: «en estos días que buscó a Jehová, él le prosperó». Su caída no empezó con la lepra, sino el día que dejó de buscar a Dios porque ya se sentía fuerte.
Eso vale para un rey, para una nación y para cada uno de nosotros. Cuando nos va bien, cuando dominamos nuestro oficio, cuando tenemos las herramientas, es cuando más necesitamos recordar de dónde vino todo. «Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu» (Proverbios 16:18).
En la siguiente entrega llegaremos a la creación más ambiciosa del hombre: una máquina que habla, hecha a su imagen. Una imagen que habla.
Para reflexionar:
- ¿Mi relación con Dios es igual de constante cuando me va bien que cuando lo necesito?
- ¿En qué áreas me he sentido «fuerte» y he dejado de buscar su dirección?
- ¿Pongo mi confianza en el conocimiento y la tecnología, o en el Dios que los da?
Enrique Moore
Serie «La creación del hombre»: 1. La creación del hombre · 2. Hagamos ladrillo · 3. Cuando ya era fuerte · 4. Una imagen que habla · 5. De Babel a Pentecostés.

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