Serie «Examinadlo todo» · Parte 9 de 9. La serie completa está enlazada al final de este artículo.
Hace años conversé con una persona de un trasfondo teológico distinto al mío. En un momento trató de imponerme su punto de vista, y le dije: «Así como tú amas a Dios, yo también lo amo; así como deseas agradarlo, yo también deseo agradarlo. Tú tienes conocimientos que yo no tengo, pero yo también tengo conocimientos que tú no tienes. Y además, es más el conocimiento que ignoramos que el que tenemos».
Cierro esta serie con esa conversación porque nos lleva a la pregunta final del discernimiento: si nadie lo sabe todo, ¿qué es lo que más le importa a Dios? Jesús lo respondió:
«Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis».
Mateo 7:15-20
Jesús no dijo «por su teología los conoceréis», ni por su denominación, ni por su iglesia. Aunque en algunos casos eso también nos dice algo, los verdaderos hijos de Dios se conocen por sus frutos, porque eso es lo que realmente le importa a Dios.

Toda teología es incompleta
Las teologías son incompletas y parciales, porque han sido concebidas en mentes humanas. Aun la revelación del Espíritu llega al hombre en la medida que necesita, en el lugar y el momento en que la necesita. Jesús les dijo a sus discípulos: «Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar» (Juan 16:12). Y Pablo lo reconoció de sí mismo: «Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará» (1 Corintios 13:9-10). Basta observar la historia de la iglesia en estos dos mil años para comprobarlo.
Esto no significa que no debamos tener un marco doctrinal. Creo que es sano tenerlo, porque sus límites dan enfoque. Pero ningún sistema teológico es absoluto, y por eso no debemos ser rígidos al aplicarlo.
¿Entonces no importa la doctrina?
Por supuesto que importa, y mucho, sobre todo para quienes servimos al cuerpo de Cristo en la enseñanza y la predicación. Debemos ser diligentes en el estudio de las Escrituras. Hoy contamos con muchas herramientas y vastos recursos teológicos, y eso es bueno. Pero hay que entender para qué sirve la doctrina: una buena teología siempre animará a la santidad, a la comunión con Dios y al amor al prójimo.
El mucho conocimiento no nos garantiza la vida eterna ni avala a quien lo posee. Lo que Dios ha venido buscando desde que Jesús estableció su iglesia es este fruto:
«Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley».
Gálatas 5:22-23
Pedro lo dijo de otra manera: a la fe hay que añadirle virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor, «porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo» (2 Pedro 1:5-8). El conocimiento es para dar fruto.
Columna y baluarte de la verdad
En una entrega anterior hablé del cerco del atrio y de sus columnas sostenidas por dos cuerdas. Pablo usa una imagen parecida para la iglesia: «la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad» (1 Timoteo 3:15). La iglesia no sostiene la verdad solo defendiéndola con argumentos, sino viviendo conforme a ella. Por eso Pablo, en la misma carta, se ocupa tanto de la conducta de los ministros y de los creyentes.
Aquí conviene aclarar una frase que a menudo se usa mal: «la letra mata, mas el espíritu vivifica» (2 Corintios 3:6). En nuestro medio la he oído citar contra quienes desean estudiar más la Palabra, como si el mucho conocimiento de la Biblia fuera peligroso. Pero si la leemos junto al versículo siguiente, Pablo está hablando del antiguo pacto, «el ministerio de muerte grabado con letras en piedras» (2 Corintios 3:7), en contraste con el nuevo pacto del Espíritu. La Palabra no mata. El problema nunca es estudiarla demasiado, sino estudiarla sin dejar que dé fruto: una doctrina correcta que no produce vida es como un árbol con buenas raíces que nunca da fruto.
Lo que hemos recorrido
En esta serie empezamos con la pregunta de Pilato, «¿qué es la verdad?», y descubrimos que la Verdad tiene nombre. Vimos que el discernimiento es fruto de la madurez; que no debemos ser ni crédulos ni incrédulos; que los falsos profetas siempre encuentran a un pueblo que quiere oír lo que le agrada; que hay doctrinas que comercian con lo de Dios o se enseñorean de su pueblo; que la sana doctrina no es cazar herejes; que hay dos zanjas a los lados del camino; y que también lo que publicamos debe pasar por el filtro de la Palabra.
Todo eso se resume en una Persona, Jesucristo, «lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14). La verdad sin gracia termina en cacería de herejes; la gracia sin verdad termina en complacencia. En Él están las dos.
Para cerrar
Pablo le escribió a una iglesia joven una instrucción que le dio nombre a esta serie: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21). Examinar, para no ser engañados. Retener, para no quedarnos solo con la crítica. Y cuidar nuestra salvación con temor y temblor, para que nuestra vida siga dando el fruto que Dios espera de cada uno.
Si tuviera que dejar una sola frase al final de todo esto, sería la misma que he repetido muchas veces: ama a Dios amando su Palabra. Escudríñala, no la dejes; guárdala, y ella te guardará.
Para reflexionar:
- Si alguien me conociera solo por mis frutos, ¿qué diría de mi fe?
- ¿Mi conocimiento de la Biblia me ha hecho más santo y más amoroso, o solo más informado?
- De todo lo que hemos visto en esta serie, ¿qué es lo bueno que debo retener?
Enrique Moore
Serie completa «Examinadlo todo»: 1. ¿Qué es la verdad? · 2. Madurar para discernir · 3. Ni crédulos ni incrédulos · 4. Lo que el pueblo quiere oír · 5. El error de Balaam · 6. Sana doctrina no es cazar herejes · 7. Las dos zanjas del camino · 8. ¿Lo publico o no lo publico? · 9. Por sus frutos los conoceréis.

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