Ni crédulos ni incrédulos

Serie «Examinadlo todo» · Parte 3 de 9. Partes anteriores: ¿Qué es la verdad? y Madurar para discernir.

Hace un tiempo escribí que la credulidad es el extremo opuesto de la incredulidad, y que ambas son condenadas en las Escrituras. Lo sigo pensando. La credulidad es creer fácilmente todo lo que se dice, sin tener elementos de juicio. La incredulidad es rechazar la verdad aun teniéndolos delante. Parecen opuestas, pero muchas veces viven en la misma persona.

Lo he visto una y otra vez. La gente quiere creer, y cree cualquier cuento que circula en las redes. Pero a Dios no le quiere creer. Vivimos en la era de la comunicación instantánea, y lejos de estar mejor informadas, muchas personas se dejan llevar con facilidad por la información tendenciosa y falsa. Eso no es nuevo. Isaías lo enfrentó hace casi tres mil años.

El camino de este pueblo

En tiempos del rey Acaz, Siria e Israel se aliaron contra Judá. Cuando llegó la noticia, «se le estremeció el corazón, y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del monte a causa del viento» (Isaías 7:2). Dios mandó a decirle al rey: «Guarda, y repósate; no temas». Pero el pueblo prefirió otra cosa. Dios lo describe con una imagen hermosa: «desechó este pueblo las aguas de Siloé, que corren mansamente» (Isaías 8:6). El cuidado de Dios era como ese arroyo tranquilo que abastecía a Jerusalén. No hacía ruido, y por eso lo despreciaron.

Mar en calma al amanecer en el malecón de Campeche, como un espejo que refleja las nubes; dos pequeñas barcas descansan cerca de una orilla de piedras y pasto verde, junto a un árbol.
Aguas mansas: el cuidado de Dios no hace ruido. Malecón de Campeche. Foto: Enrique Moore.

Entonces Dios le habló al profeta con firmeza:

«Porque Jehová me dijo de esta manera con mano fuerte, y me enseñó que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo: No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo. A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo».

Isaías 8:11-13

«El camino de este pueblo» era pensar como todos pensaban, temer lo que todos temían y ver complots en todas partes. Dios le pidió a Isaías que no caminara por ahí.

No llaméis conspiración a todo

Cuando llegó la pandemia, lo vimos con claridad. Junto con el virus se extendió otra epidemia: la de quienes aseguraban saber lo que había detrás. Los chips, el 5G, las vacunas, el nuevo orden mundial; la lista era interminable. Y lo más triste es que muchos creyentes, en lugar de buscar a Dios, andaban buscando respuestas donde todo el mundo las buscaba. En aquellos días escribí: no prediques conspiraciones, ese no es el Evangelio de Jesucristo. ¡Predica la Palabra! ¡Predica que Jesús es el Salvador!

No digo que no existan las conspiraciones. La Biblia habla de ellas, y David pidió ser escondido «de la conspiración del hombre» (Salmo 31:20). Pero aun las reales están bajo la soberanía de Dios: «Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti caerá» (Isaías 54:15). El problema no es reconocer que hay maldad en el mundo, sino vivir obsesionados con ella. El que le da lugar a lo que la gente teme termina viviendo amedrentado.

Fábulas en lugar de la Palabra

Otro ejemplo es el de los extraterrestres. Cada cierto tiempo se anuncia la apertura de archivos secretos, aparecen imágenes de supuestos seres de otro mundo y se multiplican los programas que hablan del tema. Cuando uno revisa, los archivos contienen testimonios de fenómenos que no se pudieron identificar, no pruebas. Y en muchos casos las imágenes resultaron falsas. Pero el morbo vende, y cada clic en una nota o un video genera ingresos. Mientras siga la duda, hay terreno para seguir explotando.

Isaías también conoció a los que ofrecían revelaciones misteriosas, y dio una respuesta que sigue vigente:

«Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? ¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido».

Isaías 8:19-20

«A la ley y al testimonio»: esa es la prueba. Por eso insisto en algo que enseño a menudo: ninguna experiencia trae revelación; la experiencia debe confirmar la revelación dada por la Palabra de Dios. Lo que no concuerda con la Escritura no tiene luz, por más impresionante que parezca. Muchos se han alimentado de fábulas en lugar de la verdad que Dios nos revela en la Biblia.

El antídoto: temer solo a Dios

El remedio que Dios le dio a Isaías no fue un mejor análisis de noticias, sino un cambio de temor: «a Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor». Quien teme a Dios no necesita temerle a todo lo demás. Proverbios lo dice así:

«En el temor de Jehová está la fuerte confianza; y esperanza tendrán sus hijos».

Proverbios 14:26

Ni crédulos ni incrédulos: creyentes. La fe no es creerlo todo; es creerle a Dios. Y eso se cultiva de manera sencilla: escudriñando con diligencia su Palabra, buscando a Dios en oración, orando por nuestra ciudad y por las autoridades, y siendo agentes de paz en nuestra comunidad, hablando bendición en lugar de esparcir rumores. «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado» (Isaías 26:3).

Para cerrar

Jesús hizo una pregunta que debería inquietarnos: «cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?» (Lucas 18:8). No preguntó si hallaría credulidad; de esa hay de sobra. Preguntó por la fe. Que nos encuentre bebiendo de las aguas de Siloé, las que corren mansamente.

Para reflexionar:

  1. ¿Qué comparto en mis redes sin verificar primero si es verdad?
  2. ¿Hay algún temor colectivo que esté ocupando el lugar que solo le corresponde a Dios?
  3. ¿Mido mis experiencias con la Palabra, o mido la Palabra con mis experiencias?

Enrique Moore


En la próxima entrega: Lo que el pueblo quiere oír (Jeremías 28). Por qué los falsos profetas siempre encuentran público.

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Una respuesta a «Ni crédulos ni incrédulos»

  1. Avatar de Madurar para discernir – Iglesia El Gólgotha

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